Thursday, May 25, 2006

La "Miss Peri"

A las seis de la mañana salimos de la casa. Nos pusimos de pie en frente de la panadería, husmeando la ignorada fragancia del pan fresco que hoy en día extrañamos. Esperamos pacientemente a tomar el autobus que nos llevaría a la escuela y al colegio. El bus que rondaba alrederor de la periferia de la ciudad: "La majestuosa y glamorosa Periférica", o la "Peri" como comúnmente la llamábamos. Una reina en ruedas con asientos ilustrados contando mil historias de aquel que no pudo alcanzar a pagar un taxi. Unos uniformados y otros atrasados. 60 mochilas y 40 pasajeros, todos pegaditos sin más ventilación que las ventanitas destruidas. Así se sentía el vaho. Unos sentados y muchos más de pie colgando de las barras en la parte superior del vehículo. Cuantas veces nos hemos descolgado de esa bendita barra cayéndonos, empujándonos y rozándonos. El viaje no era muy distante, pero en veces se tornaba largo. Los conductores eran viejos y gordos, como si esas cualidades fuesen requeridas para mantener su empleo. Ellos abusaban del café y fumaban como prostitutas sin clientes. Cafeína, nicotina y gasolina eran el combustible diario de estos profesionales transportistas.
Las paradas de la ruta eran las mismas, pero aparentemente no eran mandatiorias. Al menos que se gritara a todo pulmón "¡Parada!" Y al llegar a un alto, salir sano y salvo era toda una aventura. Un campo de obstáculos había que atravesar y saltar de la puerta en pleno movimiento. Que Dios nos ampare cada vez que la Peri pare...

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